Ciudades Inteligentes: ¿En la densidad estará la clave?

El modelo que dominó los años ’90 de la ciudad con muchos vehículos, autopistas y centros comerciales con gran expansión territorial y largos desplazamientos, que deslumbró a la clase media y alta americana de esa época, quedó obsoleta y ha demostrado ser ineficiente, costosa, antiecológica, produce congestión de tráfico, estrés en sus habitantes y es poco competitiva. En el prototipo de la Ciudad Inteligente, los nuevos desafíos para los gobiernos locales están en gestionar la densidad, realizar menos desplazamientos, reducir la infraestructura para autos y convivir con una mayor diversidad social

Foto: planetizen.com

Con la globalización, las ciudades comenzaron a perder densidad, dejando gran cantidad de pobres y ricos. Hoy no hay ciudad inteligente si no existe la integración social. La ciudad es un lugar de encuentro. Si la separamos entre los que más y menos tienen, es una ciudad desintegrada. 

La ciudad de Medellín-Colombia, integró a los sectores más humildes de sus laderas, que no tenían acceso a la ciudad, con un metrocable y seis escaleras mecánicas que la unen al subterráneo. 

Otro ejemplo fue la idea de revalorar la “dimensión barrial” en la ciudad de Buenos Aires-Argentina, a través de la interconectividad del transporte público, el comercio, la salud y cultura y creación de nuevos espacios públicos que fue inspirada en Barcelona-España y que generó muchos espacios dentro de la ciudad, con gente moviéndose en cortas distancias, y donde la mayoría de las cosas por hacer están a la mano. 

En el estado de Massachusetts-EE.UU., el crecimiento inteligente se promulgó por una combinación de técnicas que incluyen el aumento de la densidad de viviendas a lo largo de los nodos de tránsito, la conservación de tierras de cultivo, y la mezcla de áreas de uso residencial y comercial, bajo la caracterización del concepto de Desarrollo Tradicional de Barrio, que reconoce que el crecimiento inteligente y conceptos relacionados no son necesariamente nuevos, pero son una respuesta a la cultura del automóvil y la expansión. Muchos otros favorecen el término Nuevo Urbanismo, que invoca una forma de ver la planificación urbana nueva, pero tradicional. 

Al considerar los beneficios ambientales de la densidad, se ha demostrado que reduce la cantidad de superficie impermeable escorrentía que causan en las cuencas hidrográficas (debido a la enorme cantidad de pavimento relacionada con el transporte necesario para servir a la expansión), así como reducir las tasas de conducción por habitante, en comparación con la expansión. Las investigaciones muestran que estos beneficios se encuentran sobre todo en el extremo inferior del espectro de densidad, es decir, las ganancias ambientales comienzan a disminuir a una densidad de alrededor de 20 viviendas por acre, y hay poco beneficio adicional a estos indicadores cuando la densidad aumenta más allá de aproximadamente 60 viviendas por acre

Cada día, son más las personas que se sienten atraídas y cómodas en los barrios históricos no sólo debido a su familiaridad y transitabilidad, sino también porque presentan densidad urbana a escala humana. Los defensores de densidades más altas en las ciudades, ven en ésta un posible antídoto a la expansión de baja densidad. 

Foto: switchboard.nrdc.org

Sin embargo, existen críticos a este concepto, como Robert Bruegmann, profesor de historia del arte, la arquitectura y el urbanismo en la Universidad de Illinois en Chicago y autor de Expansión: una historia compacta, afirmó que “los intentos históricos para combatir la expansión urbana han fracasado, y la alta densidad de población de la ciudad de Los Ángeles, actualmente el área urbana más densa en los Estados Unidos, es la raíz de muchos de los males que experimentan Los Ángeles hoy”. 

Un concepto en constante construcción nos indica que una “Ciudad inteligente” es una decantación de varias concepciones: son “creativas”, “innovadoras” y “sustentables”

Las ciudades que triunfan en el mundo son las que se planifican con un pacto democrático y un proyecto estratégico. Por lo que sí no existe ese proyecto colectivo de ciudad, el mercado, con su fuerza y ambición, la llevan al modelo extensivo en el que la gente tarda más de dos horas en ir y en volver a su casa. 

Los líderes de los municipios que avanzan hacia ciudades inteligentes deben desarrollar proyectos a favor de la eficiencia energética, la sustentabilidad ambiental, la movilidad, el desarrollo de aplicaciones para celulares, intervenciones tecnológicas que deben estar pensadas para hacer el día a día de sus habitantes un poco más fácil. 

Uno de los riesgos de la innovación en las ciudades inteligentes es que no produzca soluciones y se convierta en un plan de marketing o esnobismo, actitud de quién adopta o imita ideas que considera de moda. Las aplicaciones tecnológicas, por ejemplo, para que sean útiles, deben responder a una necesidad social. Asimismo, los usos mixtos, la calidad del transporte público y la integración son principios básicos para las ciudades inteligentes. 

El futuro de las ciudades inteligentes es que la gente se mezcle. “El único camino es la mezcla de segmentos sociales diferentes. Sé que no es fácil.”, afirma el ex alcalde de Barcelona Jordi Héreu, y agrega: “El roce hace el cariño”. Por eso es importante dar calidad urbana a todos, para que ningún área o urbanización de la ciudad se sienta “el patito feo”.
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Sobre el autor Nubia Márquez

Economista y Tecnóloga con Especialización en Aplicaciones E-Business, Tutor Virtual y Bloguera. Apasionada por la Tecnología, las Finanzas y la Educación con énfasis en la Web 2.0. En mis ratos libres me encanta cocinar, viajar, leer y navegar en la Internet.

 
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