Big Data y la educación del futuro

645 expertos creen que en 2030 niños y jóvenes se formarán en aulas sin paredes, porque la “arquitectura también educa”. La clase magistral desaparecerá; el profesor se convertirá en guía del alumno. El aprendizaje será personalizado, permanente y más costoso. Primarán las habilidades frente al saber académico, el inglés será la lengua mayoritaria, el Internet y los grandes datos o Big Data se convertirán en las principales fuentes de acceso a la información por parte de los alumnos

Foto: bebesymas.com

Colegios sin ladrillos y sin cemento, salas diáfanas con enchufes. Prelación del fomento de las habilidades personales por sobre otro tipo de capacidades. Maestros dedicados a orientar y a ser mentores, en cambio de presentarse únicamente como impartidores del conocimiento. Currículos personalizados y ceñidos a las necesidades particulares de cada estudiante. Presencia de un lenguaje global, en vez del nacional, en los salones de clase. 

LOS PROFESORES 

Siete de cada 10 entrevistados piensan que el rol de los docentes será guiar al estudiante por su propia vía de conocimiento. Serán facilitadores y orientadores, más que transmisores del saber. Hasta hace muy poco, eran la única fuente de información disponible, pero internet lo ha acaparado todo y los alumnos pueden encontrar en la Red buena parte de lo que se explica en clase. De hecho, el 43% de los sondeados sostiene que los contenidos online serán la principal fuente de conocimiento en 2030, incluso por encima del colegio (29%), del entorno del alumnado (13%) o de las instituciones culturales (3%). 

«El papel de los profesores va a ser aún más relevante. Van a tener que mostrar a los alumnos que hay que ser críticos con la información, que no todo lo que encuentran en internet es correcto, que deben seleccionar y acudir a las fuentes más fiables», dice Ismael Sanz, director del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, dependiente del Ministerio de Educación. 

Sanz cree que se consolidarán metodologías como el flipped classroom, que consiste en que los chicos preparan por su cuenta las clases y hacen una exposición en el aula, mientras el profesor realiza una labor de acompañamiento. «Este sistema permitirá que una parte del trabajo se haga en casa y que cada alumno siga su ritmo». 

«La clase magistral parece obsoleta. No tiene sentido contar un rollo a 250 estudiantes que no pueden intervenir si se les puede dar algo grabado. Pero, por otro lado, mucho de esto se podía hacer ya y no ha pasado. Quizá hay algo que no entendemos bien», reflexiona Antonio Cabrales, catedrático de Economía de la University College London y miembro de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea)

LOS ALUMNOS 

El perfil del estudiante cambiará en los próximos tres lustros. Será «un alumno con muchas más posibilidades de acceso a fuentes de conocimiento, con una mentalidad más universal y menos localista, protagonista indiscutible de su aprendizaje, un ciudadano global que busca a través del aprendizaje un modo de responder a alguna necesidad del entorno», según lo define Núria Miró, directora del colegio Montserrat de Barcelona y una de los 15.000 expertos que forman parte de Wise. El 83% de los consultados cree que el currículo tendrá más contenidos personalizados a la medida de cada alumno. Esto tendrá consecuencias en la relación jerárquica con el profesor. «Se desdibuja claramente la línea que separa quiénes son los que enseñan y quiénes son los que aprenden», sostiene Miró

César García, profesor de la Universidad Pública del Estado de Washington, añade que los estudiantes van a ser «más exigentes» en cuanto a sus expectativas educativas. «El alumno se convierte en cliente: invierte un dinero y espera un retorno. Los profesores van a tener que explicar mucho mejor cómo ponen las notas». 

¿Cambiarán también los horarios? 

Los expertos españoles coinciden en que la frontera entre el colegio y el hogar se desdibujará y el aprendizaje no se restringirá a unas horas y a unos lugares concretos. «El email y otras herramientas de comunicación se están extendiendo mucho. Ahora los profesores ya tenemos muchas conversaciones con los alumnos a las 20.00 horas. Esto de que haya clase de 10.00 a 11.50 horas no sé si seguirá», indica García. «Veo más cursos online, y a deshoras. Más estudiantes van a tener que trabajar y no van a poder ir al horario convencional. Veremos escuelas que den clases en verano y los fines de semana». 

¿Habrá deberes? 

«En algún sentido, si hay un cambio, será a que casi todo sean deberes», responde Cabrales. El horario será más libre y habrá más tarea individual. «Más que deberes, hay que suscitar en los alumnos la necesidad de seguir buscando documentación, de informarse, de compartir conocimientos y de despertarles el gusto por la investigación», añade Miró

Todo esto afectará, sin lugar a dudas, a las relaciones personales entre los alumnos. En opinión de García, «el concepto de pandilla se ha terminado y los niños son ahora más solitarios que antes». «Hace 20 años, los críos pasaban más tiempo en la calle, sin demasiada supervisión. Ahora su vida social es más limitada, están más en casa, conectados online, y tienen agenda. Sus padres les llevan a las 17.00 horas a Ajedrez, a las 18.00 a Inglés... Por eso creo que las relaciones sociales se van a cotizar al alza en la escuela del futuro». 

EL CURRÍCULO 

El 76% de los encuestados cree que las habilidades personales o prácticas serán más valoradas que los conocimientos académicos. Las llamadas soft skills -como la capacidad de hablar en público, de trabajar en equipo, de adaptarse a los imprevistos...- son cada vez más importantes en el entorno profesional, pero los expertos españoles coinciden en que, por si solas, no suplen una buena preparación académica. «Aprender a aprender está bien, pero primero hay que saber de Matemáticas, Ciencias o Historia. Lo que nos sirve es el conocimiento, porque no se aprende fuera de él», indica Carmen Rodríguez, profesora de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Málaga. «Se dice que ésta es la generación mejor preparada, pero los universitarios españoles no saben lo que es el Barroco y nunca han leído a Cervantes. Si lo que pretendemos es formar tecnócratas, primarán las habilidades y los conocimientos quedarán reducidos», afirma Felipe de Vicente, presidente de la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto (Ancaba)

Francisco López Rupérez, presidente del Consejo Escolar del Estado, cree, en este sentido, que, a la hora de evaluar, y aunque en el ámbito laboral las certificaciones profesionales adquieran cada vez más valor, «éstas no sustituirán a los títulos académicos, particularmente a los emitidos por instituciones universitarias de prestigio». 

EL APRENDIZAJE 

El 90% de los encuestados cree que, en este nuevo escenario, el aprendizaje se desarrollará a lo largo de toda la vida del alumno y que no se limitará sólo a la etapa de formación obligatoria (entre los seis y los 16 años) y a la universidad. Esto no significa que la educación vaya a ser gratis. Al revés: el 70% piensa que la Administración Pública va a dejar de ser la principal fuente de financiación. Aquí los expertos discrepan con la encuesta y recuerdan que España está ya por encima de la media de la OCDE en el porcentaje de educación privada. «La educación pública tiene un papel clave en la igualdad de oportunidades. No entiendo que vaya a desaparecer en ningún caso», señala Ismael Sanz

Foto: educacionyempresa,com

La Cumbre Internacional sobre Innovación en la Educación (Wise, por sus siglas en inglés), reconocida por otorgar el que es considerado el ‘premio Nobel de la educación’, durante su evento anual en Doha (Catar) –celebrada del 4 al 6 de noviembre–, bajo el lema "Imagina – Crea – Aprende: la Creatividad en el centro de la educación", incluyó en su encuesta los análisis de reputados comentaristas internacionales, quienes dieron su opinión, inclusive, sobre aspectos de la educación que hoy no gozan de una gran aplicación. 

Este es, por ejemplo, el caso del Big Data, concepto que hace referencia al análisis, mediante complejos sistemas computarizados, de millones de datos para obtener información relevante sobre un tema en particular. El 95 por ciento, según la encuesta, coinciden en decir que el big data jugará un rol importante en la educación; de estos, la mitad afirmó que esta herramienta “cambiará el panorama de la educación”. 

Otra pregunta que llamó la atención es la relacionada con la obtención de recursos para el funcionamiento de la infraestructura educativa. De acuerdo con Wise, “el sector público no tendrá el monopolio de la educación” y, en cambio, como lo afirmaron el 70 por ciento de los encuestados, la formación académica de los jóvenes será costeada por sus familias o por patrocinadores asociados a las compañías

Uno de los proponentes de esta tendencia es Yasar Jarrar, líder joven global del Foro Económico Mundial. Él afirma que “una vez que la educación básica se ha completado –y debe permanecer bajo la responsabilidad del Estado–, los empleadores deberán pagar por la capacitación futura, toda vez que ellos son las entidades que obtendrán el mayor beneficio de esta, tanto para su propio éxito como para la estabilidad y sostenibilidad de sus sociedades. 

Con él concuerda Vicky Colbert, la colombiana que en el 2013 ganó el Premio Wise, por su proyecto Escuela Nueva. Para ella, esta tendencia se mantendrá en nuestro país: “Creo que en la educación inicial y en la básica primaria y secundaria la responsabilidad principal de la financiación del servicio educativo seguirá estando en manos del Estado. Y ese servicio educativo será de calidad en la medida en que responda a las necesidades y características del mundo actual. En la educación superior, muy probablemente la familia seguirá teniendo mayor participación en su financiación”. 

Un punto polémico de la encuesta, por la falta de consenso, es el referente al lenguaje que predominará en la enseñanza: 65 por ciento de los consultados dijo que el idioma utilizado en la educación no será más el local o nacional, pues será reemplazado por uno global (46 por ciento) o regional (19 por ciento). 

El reconocido lingüista estadounidense Noam Chomsky considera que, contra las tendencias actuales, este nuevo idioma no tendrá que ser necesariamente el inglés. “Este idioma –opina Chomsky– ha sido un lenguaje global, particularmente desde la Segunda Guerra Mundial. Pero eso no era así antes. Esto refleja la sobrecogedora naturaleza del poder de los EE. UU. durante este periodo, pero ha ido declinando y es posible que nos encontremos con nuevos competidores para consolidarse como la lengua global para la ciencia, el comercio y otras interacciones. Dependiendo de lo que ocurra en el escenario internacional, es posible que a medida que la influencia china se expanda haya una influencia igual de su lenguaje en la globalización”. 

Marta Isabel Camargo, directora del Departamento de Lenguas Extranjeras de la Universidad Nacional, disiente de Chomsky y considera que, por lo menos en el contexto colombiano, “esto iría en contravía de la identidad nacional, toda vez que los idiomas son un reflejo de la cultura y las costumbres de sus habitantes”. 

Sin embargo, Camargo concuerda con el experto en decir que los idiomas de los países que ganen espacio en la economía global se abrirán paso en la educación. “Ya está ocurriendo con el mandarín, que, además de ser la lengua con mayor cantidad de hablantes, se está abriendo paso gracias al poder económico de China”, apunta Camargo, y agrega que prueba de ello es que hoy en día cada vez más estudiantes se interesan por aprender sobre este idioma, que cuenta con una buena oferta en las universidades colombianas. 

Pero quizás el punto más destacable de la consulta de Wise es el que apunta a que una de las características principales de la educación del futuro será la innovación. Esto queda demostrado por la abrumadora mayoría (97 por ciento), que sostiene que “las escuelas implementarán métodos basados en nuevas aproximaciones a la enseñanza y los procesos creativos”. 

El trabajo -en el que han participado, entre otros, el lingüista Noam Chomsky, la ex primer ministra australiana Julia Gillard y el profesor Sugata Mitra- señala que «las escuelas se convertirán en redes» donde los alumnos interactuarán entre ellos y con el profesor de forma que se produzca un «aprendizaje colaborativo». 

“Usualmente, la gente piensa que para innovar solamente hay que gastar dinero y darle a todo el mundo una tableta: hay aproximaciones no tecnológicas muchísimo más importantes. Pueden ser muchas cosas: no organizar a los niños por edad sería una innovación social y pedagógica”, afirma John Mahaffie, cofundador de la Asociación de Futuristas Profesionales, en el estudio. 

Educación en Alternancia 

Entre los proyectos premiados por Wise, se encuentra el de “Educación en alternancia” desarrollado en Perú y cuyo objetivo fue crear una interacción permanente entre el trabajo rural y la vida escolar de tal forma que los estudiantes tuviesen la oportunidad de alternar entre sus hogares y la escuela durante periodos de dos semanas. Los jóvenes peruanos pertenecientes a las comunidades rurales suelen abandonar la escuela secundaria para trabajar en sus casas. Las largas distancias y la percepción de los contenidos educacionales como algo irrelevante también han incidido en el descenso del valor de la escuela por parte de muchos padres. Este proyecto promueve un programa de alternancia en educación reconocido por el gobierno peruano como un modelo de aprendizaje de éxito para las áreas rurales.
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Sobre el autor Nubia Márquez

Economista y Tecnóloga con Especialización en Aplicaciones E-Business, Tutor Virtual y Bloguera. Apasionada por la Tecnología, las Finanzas y la Educación con énfasis en la Web 2.0. En mis ratos libres me encanta cocinar, viajar, leer y navegar en la Internet.

 
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