Ciudades inteligentes, ciudadanos inteligentes o ambas. ¿Es posible?

En el mundo ya se construyen tres ciudades "inteligentes", están ubicadas en Corea del Sur, Abu Dhabi y Portugal, y contarán con tecnología capaz de manejar por sí solas numerosas infraestructuras urbanas, desde la basura hasta el control de la temperatura en la calle. ¿Podemos confiar viviendo en ciudades que se basan exclusivamente en algoritmos?. ¿Contarán estas ciudades con ciudadanos más activos, interactivos, exigentes e informados?

Foto: anamocholi.com 

La idea de una ciudad inteligente continúa despertando controversias y no hay una definición ni indicadores en los que todos coincidan. Aunque existen ya muchas Smart Cities, lo novedoso es que actualmente se están construyendo tres ciudades inteligentes donde el uso de la tecnología está presente desde su misma concepción. En ese sentido, el Distrito Internacional de Negocios Songdo (SIBD), en Corea del Sur; la Ciudad de Masdar, en Adu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos; y PlanIT Valley, en Portugal, están a la vanguardia de una ola que hace pie en prácticamente todo el mundo. 

Colocando en práctica ciertos modelos e incorporando la tecnología adecuada, cualquier urbe puede llegar a ser "inteligente", automatizando ciertas facetas de su desarrollo. En la actualidad, la región Río de Janeiro presentó hace un par de años su Centro de Operaciones, un sistema centralizado provisto por IBM donde se congregan datos de alrededor de 30 agencias distintas en tiempo real. El gobierno de Buenos Aires lanzó recientemente su portal Data Buenos Aires, una base de datos compilada por diversos organismos públicos, la cual también puede abrir el camino para hacer más eficiente el funcionamiento de algunas funciones urbanas. Pero simples retroalimentaciones de la información no cambian comportamientos. Los datos abiertos (Open Data) es un punto de partida, pero por sí solos no son suficientes, es la gente que hace los algoritmos que tienen la conexión con el público. 

En estos escenarios, con el uso de las nuevas tecnologías se busca resolver viejos problemas mundiales, tales como la congestión del tráfico. No obstante, aunque es bueno tener una infraestructura urbana gestionada eficientemente, el verdadero desafío es que el mundo en sí está cambiando, en parte debido a la incorporación de las nuevas tecnologías como medios de comunicación social. Por lo que realmente necesitamos una nueva visión de cómo nuestras instituciones en las ciudades tradicionales hacen para adaptarse a esta red de sociedades emergentes. 

Cabe preguntarnos, si podemos confiar viviendo en ciudades que se basan exclusivamente en algoritmos como los sistemas informáticos de Trading de Alta Frecuencia que intervienen a diario en el mercado de valores y cuyos efectos en la economía seguimos padeciendo. Por otra parte, debemos pensar si una ciudad inteligente, se construye simplemente instalando tecnologías inteligentes en la manera que instamos las tuberías y otra infraestructura en nuestros edificios. La infraestructura y los edificios son los facilitadores para el intercambio social en las ciudades, para que nos unamos, creemos culturas, comunidades y convivencia. 

Por tanto, debemos pensar que buscamos; por una parte están las ineficiencias de las ciudades donde vivimos que queremos mejorar y por otra nosotros como ciudadanos y pilar fundamental de las ciudades que habitamos. Hay una clara tensión entre estos dos polos y tenemos que decidir dónde queremos que nuestras ciudades sean eficientes y dónde no. 

Una de las respuestas a este dilema, se encuentra en la naturaleza de nuestras instituciones. No sólo son viejas, sino también responsables de crear el problema. Esto crea una clara tensión entre la sociedad y las instituciones, que se expresa, por ejemplo, en los disturbios generalizados que se han vuelto una condición común en muchos países en los últimos años. En este marco, el desafío de diseño no es sólo el del desarrollo y adopción tecnológica, sino la redefinición de la cultura en la toma de decisiones públicas. Un ejemplo, es la reciente presentación que hizo un graduado de diseño en su academia, quién desarrolló un arma impresa en 3D, por lo que surge preguntarnos: ¿Están las instituciones políticas preparadas para regular el uso de armas impresas en casa?. ¿Cuentan con las herramientas, normativas y poder para abordar este problema con la rapidez que se requiere?

Este problema se extiende en el uso de los espacios públicos, que ha sido regulado cada vez más en las últimas décadas. Esto creó un círculo vicioso y la reducción al público que tiene acceso a la misma y las actividades que se pueden realizar allí, lo cual conduce al deterioro de estos espacios y en muchos casos a que los mismos sean tomados por indigentes, delincuencia y carezcan de buen servicio de iluminación. 

 Foto: SONGDO - arq.clarin.com 

Llegamos a otro punto importante, cada día nuestras ciudades tienen ciudadanos más activos, interactivos, exigentes e informados que podríamos denominar ciudadanos inteligentes. Los ciudadanos inteligentes abrazan la creatividad; la sociedad inclusiva; la Web 2.0 y las tecnologías emergentes en entornos educativos (el desarrollo de las habilidades del siglo XXI: comunicación, colaboración, creatividad, resolución de problemas, alfabetización digital, pensamiento crítico, reflexión y retroalimentación). 

Este nuevo tipo de “ciudadanos inteligentes” como muchos lo llaman, crea competencia entre los gobiernos locales de las ciudades que lo ejecutan. En muchos casos las personas se encargan de las áreas verdes y los espacios públicos porque el municipio no puede permitírselo, sin duda, estas iniciativas son buenas, a pesar de que no son estrictamente legales y tampoco son realmente eficientes. Sin embargo, esto también trae grandes problemas, considerando que estos procesos no son democráticos y estos ciudadanos no pueden ser considerados responsables de sus acciones. Además, estos ciudadanos inteligentes en general se apoyan fundamentalmente en los medios sociales que proporcionan una visión muy individualista del mundo y promueven una mentalidad muy de “afines” perdiendo el sentido de la cívica, dejando excluidos a gran parte de la sociedad como las personas mayores de 60 años en un mundo que está envejeciendo rápidamente. Según datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidad, División Población (2006), para el año 2050 el número de personas de 60 años de edad y más como proporción de la población global se habrá duplicado, de 11% en el 2006 a 22%. Bajo este enfoque nace otro concepto que abordaremos en otra oportunidad, las Ciudades amigables con la edad. Es así como sistemas de auto organización son rápidos y directos, pero también son temporales y no tienen ningún impacto real en las estructuras legales. 

Finalmente, los desafíos que se presentan son muchos y luce casi imposible mantenerse al día con la velocidad de la evolución social, pero lograr la cohesión social que se requiere para contar con verdaderas ciudades inteligentes es posible y para ello, necesitamos instituciones fuertes, que pueden apropiarse de la dinámica de los medios de comunicación social, sin heredar su ideología, para ser más ágiles y capaces de mantener un papel central en la gestión de las ciudades.
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Sobre el autor Nubia Márquez

Economista y Tecnóloga con Especialización en Aplicaciones E-Business, Tutor Virtual y Bloguera. Apasionada por la Tecnología, las Finanzas y la Educación con énfasis en la Web 2.0. En mis ratos libres me encanta cocinar, viajar, leer y navegar en la Internet.

 
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